Interacción con los pueblos indígenas: los primeros encuentros
Los primeros años tras 1492 fueron un aprendizaje mutuo hecho de gestos, regalos, malentendidos y, muy pronto, violencia. En las Antillas, los taínos pasaron en menos de una década de recibir a los europeos con curiosidad a enfrentarse a ellos con las armas. En el continente, a partir de 1517, mayas, mexicas e incas se encontraron con un adversario que ya tenía experiencia del Caribe y que contaba con intérpretes y aliados indígenas.
En esta página repasamos cómo se comunicaron unos y otros, cómo se vieron mutuamente y cómo la relación pasó de la alianza al conflicto. El momento inicial en las Bahamas lo contamos en la llegada a Guanahaní, y las consecuencias de largo plazo en el impacto en las culturas indígenas.

Contenido
- La Española: de la amistad a la guerra (1492-1504)
- Hablar sin lengua común: los intérpretes
- Cómo se vieron unos a otros
- Las primeras resistencias
- El encuentro en el continente
- El debate en Castilla
- Preguntas frecuentes
La Española: de la amistad a la guerra (1492-1504)
El primer aliado de Colón fue Guacanagarí, cacique del noroeste de La Española, que en diciembre de 1492 ayudó a salvar la carga de la nao Santa María tras su naufragio. Sobre aquella amistad se levantó el fuerte de La Navidad. Un año después, el fuerte estaba quemado y sus 39 ocupantes muertos: los taínos contaron que los castellanos habían robado oro y mujeres y que el cacique Caonabo, señor de la región de Maguana, los había atacado.
Con el segundo viaje llegó la colonización y, con ella, la guerra. En 1495 una coalición de caciques fue derrotada en la batalla de la Vega Real, y Colón impuso a los taínos un tributo trimestral de oro o algodón imposible de cumplir. Muchos huyeron a las montañas y dejaron de sembrar, y el hambre agravó la mortalidad. Ese sistema de tributos y repartos fue el germen de la encomienda.
Grandes protagonistas del Descubrimiento de América
Conoce los personajes clave de la historia relacionados con el Descubrimiento de América. Aquellas figuras destacadas que dejaron una huella imborrable en la historia de la humanidad. Cristóbal Colón, Cuauhtémoc, Isabel I de Castilla, Moctezuma II, Hernán Cortés y más.
El episodio más recordado es el de Anacaona, cacica de Jaragua y viuda de Caonabo. En 1503 el gobernador Nicolás de Ovando acudió a su corte con el pretexto de una visita, prendió fuego al bohío donde estaban reunidos los caciques y después la hizo ahorcar. Bartolomé de las Casas, que llegó a la isla en 1502, convirtió aquellos hechos en uno de los ejes de su denuncia.
Hablar sin lengua común: los intérpretes
Al principio todo se resolvía por señas, con resultados a menudo equivocados: Colón entendía en los gestos de los taínos referencias al Gran Kan o a minas de oro que solo existían en sus expectativas. La solución fue formar intérpretes, casi siempre capturando a jóvenes indígenas para que aprendieran castellano. Uno de los lucayos tomados en 1492, bautizado como Diego Colón, acompañó al almirante en el segundo viaje.
En la conquista de México la comunicación dependió de una cadena de dos eslabones. Jerónimo de Aguilar, un náufrago castellano que había vivido ocho años entre los mayas, traducía del castellano al maya. Malintzin, la Malinche, una joven nahua entregada a los mayas y después a Hernán Cortés, pasaba del maya al náhuatl. Pronto aprendió castellano y se convirtió en la voz de Cortés ante Moctezuma y en una pieza clave de la diplomacia de la conquista. En Perú ese papel lo tuvo Felipillo, intérprete de Pizarro en Cajamarca.

Cómo se vieron unos a otros
Los europeos miraron a los pueblos americanos a través de lo que ya conocían: los guanches de Canarias, los relatos de Marco Polo o los monstruos de los libros de viajes. De ahí salieron dos estereotipos que convivieron durante siglos: el del indígena manso e inocente, que Colón describe en Guanahaní, y el del «caribe» feroz y caníbal, que justificó la guerra y la esclavitud de ciertos pueblos a partir de 1503.
De la mirada indígena sabemos menos, porque casi siempre nos llega a través de fuentes escritas después de la conquista. Los relatos nahuas recogidos por fray Bernardino de Sahagún en el Códice Florentino describen el asombro ante los caballos, el hierro y los cañones, pero también el desprecio por la codicia de oro de los recién llegados. La idea de que los indígenas tomaron a los españoles por dioses, y en especial la identificación de Cortés con Quetzalcóatl, aparece sobre todo en crónicas posteriores, y muchos historiadores la consideran hoy una construcción de esos relatos más que una creencia extendida en 1519. Lo tratamos en qué dicen los historiadores.

Las primeras resistencias
La resistencia indígena empezó en el Caribe y adoptó formas muy distintas: la guerra abierta, la huida a las montañas, la negativa a sembrar o el suicidio colectivo que mencionan algunas crónicas. Sus figuras más conocidas son:
- Caonabo, que combatió a los primeros colonos de La Española y murió prisionero en 1496, en el naufragio del barco que lo llevaba a Castilla.
- Hatuey, cacique de La Española que cruzó a Cuba para advertir a sus habitantes y fue quemado vivo en 1512.
- Enriquillo, cacique taíno educado por franciscanos, que se alzó en la sierra de Bahoruco en 1519 y resistió hasta firmar la paz con la Corona en 1533.
En el continente la lista es larga: de Cuauhtémoc en Tenochtitlan a Manco Inca en los Andes o Guaicaipuro en Venezuela. Las batallas decisivas están en las grandes batallas de la conquista.
El encuentro en el continente
Los primeros contactos con los mayas, en Yucatán, fueron hostiles: la expedición de Francisco Hernández de Córdoba fue derrotada en Champotón en 1517. Dos años después, Cortés aprovechó las tensiones internas del mundo mesoamericano: los totonacas de Cempoala y, sobre todo, los tlaxcaltecas, enemigos de los mexicas, se convirtieron en sus aliados y aportaron decenas de miles de guerreros. El 8 de noviembre de 1519, Moctezuma recibió a Cortés en la calzada de Tenochtitlan. Fue uno de los encuentros diplomáticos más extraordinarios de la historia, y en pocos meses dio paso a la guerra.
En los Andes el patrón se repitió. Pizarro llegó cuando el Imperio inca acababa de salir de una guerra civil entre Huáscar y Atahualpa, y muchos pueblos sometidos por los incas vieron en los castellanos una oportunidad. La conquista de América fue, en buena medida, también una guerra entre pueblos indígenas.
El debate en Castilla
La forma de tratar a los indígenas se discutió muy pronto en la propia Castilla. En 1500 la reina Isabel ordenó liberar a los taínos que Colón había enviado como esclavos, y los declaró vasallos libres de la Corona. En diciembre de 1511 el dominico fray Antonio de Montesinos predicó en Santo Domingo contra los encomenderos:
«¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos?»
Sermón de fray Antonio de Montesinos, Santo Domingo, 1511 (según Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias)
Aquel sermón llevó a las Leyes de Burgos de 1512, el primer código sobre el trato a los indígenas, y en 1513 se redactó el Requerimiento, un texto que debía leerse a los pueblos antes de hacerles la guerra y que les pedía someterse a la Corona y a la Iglesia. Se leía en castellano, a menudo sin intérprete, y ya los contemporáneos lo ridiculizaron. El debate culminaría con Bartolomé de las Casas, las Leyes Nuevas de 1542 y la Junta de Valladolid de 1550-1551.
Preguntas frecuentes
¿Qué pueblo encontró Colón primero?
A los lucayos de las Bahamas, y después a los taínos de Cuba y La Española. Ambos pertenecían a la misma cultura taína, de lengua arahuaca.
¿Cómo se entendían los españoles con los indígenas?
Al principio por señas. Después, mediante intérpretes indígenas que aprendían castellano, a menudo tras ser capturados, y náufragos europeos que habían aprendido lenguas locales, como Jerónimo de Aguilar.
¿Los indígenas creyeron que los españoles eran dioses?
Es una idea muy repetida, pero procede sobre todo de crónicas escritas años después. La mayoría de los historiadores actuales la consideran exagerada o directamente un mito.