Las carabelas de Colón: la Pinta, la Niña y la Santa María
El 3 de agosto de 1492 salieron del puerto de Palos de la Frontera (Huelva) tres barcos con unos 90 hombres a bordo: la Santa María, la Pinta y la Niña. Setenta días después, el 12 de octubre, llegaron a la isla de Guanahaní. Son probablemente los barcos más famosos de la historia, y sin embargo no se conserva ningún plano ni ninguna imagen de la época: todo lo que sabemos procede del diario de Colón, de pleitos, de cuentas y de lo que se conoce de la construcción naval del siglo XV.

| Naves | Santa María (nao), Pinta y Niña (carabelas) |
|---|---|
| Salida | Palos de la Frontera, 3 de agosto de 1492 |
| Llegada | Guanahaní (Bahamas), 12 de octubre de 1492 |
| Tripulación | Unos 90 hombres, en su mayoría de Palos, Moguer y Huelva |
| Capitanes | Cristóbal Colón, Martín Alonso Pinzón y Vicente Yáñez Pinzón |
| Dónde verlas hoy | Réplicas en el Muelle de las Carabelas (Palos de la Frontera) |
Contenido
- Una nao y dos carabelas
- Las tres naves, una a una
- Cómo se consiguieron los barcos
- La tripulación
- La vida a bordo
- Cómo navegaban
- Qué fue de cada nave
- Las réplicas, de Chicago a Barcelona
- Las carabelas en el cine
- Preguntas frecuentes
Una nao y dos carabelas
Aunque se habla de «las tres carabelas», la Santa María no lo era. Era una nao: un barco de carga más grande, ancho y pesado, con más capacidad de bodega y castillos elevados a proa y popa, pero más lento y menos maniobrable. La Pinta y la Niña eran carabelas, el barco que portugueses y andaluces habían perfeccionado en el siglo XV para explorar la costa africana: ligeras, de poco calado, rápidas y capaces de ceñir el viento. El propio Colón prefería las carabelas; tras el naufragio de la Santa María escribió que la nao era «muy pesada y no para el oficio de descubrir».
Las tres naves, una a una
| Nave | Tipo | Tamaño estimado | Propietario | Capitán | Tripulación |
|---|---|---|---|---|---|
| Santa María | Nao | Unos 23-25 m de eslora | Juan de la Cosa | Cristóbal Colón | Unos 40 |
| Pinta | Carabela | Unos 20 m | Gómez Rascón y Cristóbal Quintero | Martín Alonso Pinzón | Unos 26 |
| Niña | Carabela | Unos 15-17 m | Juan Niño | Vicente Yáñez Pinzón | Unos 24 |
La Santa María
Era la nave capitana, en la que viajaba Colón. Su nombre original parece haber sido La Gallega, lo que apunta a una construcción en Galicia o a un dueño gallego. Pertenecía a Juan de la Cosa, que viajó como maestre; muchos historiadores lo identifican con el cartógrafo que en 1500 dibujó el primer mapa conocido de América, como contamos en la cartografía del Nuevo Mundo. Las reconstrucciones le atribuyen unos 23-25 metros de eslora, 7 de manga y entre 100 y 150 toneles de arqueo, con tres palos y velas cuadradas, salvo la latina del palo de mesana.
La Pinta
Era la más rápida de las tres. Sus dueños, los vecinos de Palos Gómez Rascón y Cristóbal Quintero, viajaron a bordo a regañadientes. A los pocos días de salir se le soltó el timón, y Colón sospechó un sabotaje de los propietarios para abandonar la expedición; hubo que repararlo en Gran Canaria. La mandaba Martín Alonso Pinzón, el marino más prestigioso de Palos, y desde su cubierta el marinero Rodrigo de Triana (Juan Rodríguez Bermejo) dio el grito de «¡Tierra!» en la madrugada del 12 de octubre.
La Niña
Su nombre oficial era Santa Clara; el apodo venía de su propietario, Juan Niño, de Moguer, que viajó como maestre. La capitaneaba Vicente Yáñez Pinzón, hermano menor de Martín Alonso. Salió con velas latinas, triangulares, y en Canarias se cambiaron por velas cuadradas, más eficaces con los vientos alisios que empujaban hacia el oeste. Fue la favorita de Colón: en ella regresó a España en 1493 y volvió a usarla en viajes posteriores.
Cómo se consiguieron los barcos
Tras la firma de las Capitulaciones de Santa Fe en abril de 1492, los Reyes Católicos resolvieron el problema de los barcos con una orden real: la villa de Palos, castigada por ciertas faltas, debía poner al servicio de la Corona dos carabelas durante dos meses. Así se consiguieron la Pinta y la Niña, mientras que la Santa María se fletó a su dueño. El problema era la tripulación: los marineros desconfiaban de un extranjero desconocido y de un viaje hacia lo ignoto. La intervención de los hermanos Pinzón, respetados en la comarca, fue decisiva para reclutar hombres y aportar dinero. La financiación se completó con préstamos gestionados por Luis de Santángel, escribano de ración de la Corona, y fondos del propio Colón y sus socios. El papel de Isabel I de Castilla en la aprobación del proyecto lo explicamos en su página.
La tripulación
Gracias al trabajo de la historiadora Alice Bache Gould, que rastreó durante décadas los archivos españoles, conocemos el nombre de la mayoría de los tripulantes. Eran unos 90 hombres, casi todos andaluces de Palos, Moguer y Huelva, con algunos vascos y gallegos y unos pocos extranjeros, además del propio Colón.
- Mandos: en cada barco, un capitán, un maestre (segundo al mando, responsable de la carga y la disciplina), un piloto y un contramaestre.
- Marineros y grumetes: los marineros manejaban las velas y el timón; los grumetes, muchachos jóvenes, hacían los trabajos más duros y aprendían el oficio.
- Oficios: carpinteros, calafates (que mantenían estanco el casco), toneleros, un despensero y algún físico o cirujano.
- Funcionarios reales: un escribano, Rodrigo de Escobedo, para levantar acta de las tomas de posesión; un veedor, Rodrigo Sánchez de Segovia, para controlar el oro; y un intérprete, Luis de Torres, judío converso que sabía hebreo, árabe y caldeo, por si llegaban a la corte del Gran Kan.
A bordo no viajaba ningún sacerdote ni ninguna mujer. Y es un mito que la tripulación estuviera formada por presos: solo cuatro hombres se acogieron al indulto real ofrecido a quienes se alistaran: uno, Bartolomé de Torres, condenado por un homicidio, y tres amigos suyos que lo habían ayudado a escapar de la cárcel.
La vida a bordo
Solo Colón y los capitanes tenían una pequeña cámara en la popa. El resto dormía donde podía, en cubierta o sobre la carga, envuelto en una manta y con la ropa puesta. Unos meses después, los marineros descubrirían en las Antillas un invento taíno que cambiaría la vida en los barcos: la hamaca, palabra que Colón ya anotó en su diario en octubre de 1492.
Qué comían
La base de la dieta era el bizcocho, un pan cocido dos veces para que durara meses, aunque acababa lleno de gorgojos. Se completaba con tocino y carne salada, pescado en salazón (sardinas, anchoas), garbanzos, habas y lentejas, queso, ajos, cebollas, aceite, vinagre, pasas, almendras y miel. Cada hombre recibía una ración diaria de vino, que se conservaba mejor que el agua; esta iba en toneles de madera y con las semanas se volvía verdosa. Se hacía una comida caliente al día en el fogón, una caja de hierro con arena sobre la cubierta, porque el fuego era el mayor peligro de un barco de madera. La pesca fresca, cuando la había, era una fiesta.
El tiempo, la higiene y la religión
El tiempo se medía con la ampolleta, un reloj de arena de media hora. Un grumete la giraba al acabar y cantaba una oración o una copla; ocho ampolletas formaban una guardia de cuatro horas, y la tripulación se repartía en turnos día y noche. No había letrinas: las necesidades se hacían por la borda, en unos asientos colgados sobre el mar a proa. La higiene era mínima y los piojos, inevitables. La jornada estaba marcada por las oraciones: al amanecer y, sobre todo, al anochecer, cuando toda la tripulación cantaba la Salve Regina.
Miedo y motín
Tras semanas sin ver tierra, el malestar creció. Colón llevaba dos cuentas de las leguas recorridas: una real, para él, y otra más corta, para que la tripulación no se alarmara por la distancia. Hacia el 10 de octubre estalló una protesta abierta en la Santa María, y Colón tuvo que prometer que, si no encontraban tierra en pocos días, volverían. Dos días después, la Pinta avistó Guanahaní. Lo relatamos en detalle en el origen del 12 de octubre.
Cómo navegaban
Colón navegó sobre todo por estima: con la brújula conocía el rumbo, calculaba la velocidad a ojo o con la ampolleta y, multiplicando, deducía la distancia recorrida, que anotaba en la carta. El cuadrante y el astrolabio servían para medir la altura de la estrella Polar y calcular la latitud, aunque en un barco en movimiento daban errores importantes. Su gran acierto fue la ruta: bajar hasta las Canarias para tomar los alisios, que empujan hacia el oeste, y volver más al norte, aprovechando los vientos del oeste. Ese circuito se usó durante tres siglos, como explicamos en las rutas de navegación.
Qué fue de cada nave
- Santa María: encalló en un arrecife en la noche del 24 al 25 de diciembre de 1492, en la costa norte de La Española, en el actual Haití. Con sus maderas se construyó el fuerte de La Navidad, donde se quedaron 39 hombres que no sobrevivieron hasta el regreso de Colón. Se ha anunciado varias veces el hallazgo de sus restos, pero ninguno se ha confirmado.
- Pinta: regresó a España en marzo de 1493, separada de Colón por una tormenta; Martín Alonso Pinzón llegó enfermo a Palos y murió pocos días después. No se sabe qué fue del barco.
- Niña: llevó a Colón de vuelta a España, participó en el segundo viaje, sobrevivió a un huracán en 1495, fue capturada por piratas y recuperada, y volvió a América en 1498. Su último rastro documentado es un viaje comercial a la costa de las Perlas, en Venezuela, en 1501. En total recorrió unas 25.000 millas al servicio de Colón.
Los cuatro viajes completos los repasamos en los viajes de Cristóbal Colón.
Las réplicas, de Chicago a Barcelona
Como no hay planos originales, cada réplica es una interpretación basada en la arqueología naval de su tiempo. Las más conocidas son estas:
- 1892-1893, Chicago: para el IV Centenario, España construyó una réplica de la Santa María que cruzó el Atlántico, acompañada de réplicas de las dos carabelas, hasta la Exposición Mundial Colombina de Chicago.
- 1929, Sevilla: el marino e historiador Julio Guillén Tato reconstruyó la Santa María para la Exposición Iberoamericana.
- 1951, la Santa María de Barcelona: Guillén Tato dirigió una nueva réplica para la película Alba de América. Tras el rodaje quedó amarrada en el Moll de la Fusta, al final de la Rambla, a pocos metros del monumento a Colón, y durante décadas fue una de las atracciones del puerto: se podía visitar pagando entrada. En mayo de 1990 sufrió dos incendios provocados, atribuidos a militantes de Terra Lliure, que la veían como un símbolo de españolidad. La Diputación de Barcelona, su propietaria, decidió no repararla ante el coste y la proximidad de los Juegos Olímpicos de 1992, y fue hundida en el mar frente a Calella.
- 1990-1991, de Barcelona a Japón: en Barcelona se construyó otra Santa María, motorizada, para una producción japonesa del empresario Haruki Kadokawa. Llegó a Japón en 1992 y hoy se expone en el Museo Marítimo de Kobe.
- 1990-1992, Isla Cristina (Huelva): para el V Centenario se construyeron réplicas de las tres naves, que repitieron la travesía, participaron en la Expo de Sevilla y desde 1994 se exponen en el Muelle de las Carabelas de Palos de la Frontera, junto al monasterio de La Rábida. Se pueden visitar por dentro, con un centro de interpretación y una recreación de la isla de Guanahaní.
- Otras: en Estados Unidos hubo una Santa María en Columbus (Ohio), desmontada en 2014, y una réplica de la Niña construida artesanalmente en Brasil recorre desde los años noventa los puertos norteamericanos junto a una Pinta.

Las carabelas en el cine
El cine ha recreado el viaje varias veces, y casi siempre ha necesitado barcos de verdad:
- Christopher Columbus (1949): producción británica protagonizada por Fredric March.
- Alba de América (1951): dirigida por Juan de Orduña, fue en parte una respuesta del cine español a la película británica. Su Santa María acabó convertida en la réplica del puerto de Barcelona.
- 1492: La conquista del paraíso (1992): dirigida por Ridley Scott, con Gérard Depardieu como Colón y música de Vangelis. Para el rodaje, la réplica de la Niña construida en Brasil navegó hasta Costa Rica.
- Cristóbal Colón: el descubrimiento (1992): la otra superproducción del V Centenario, dirigida por John Glen, con Georges Corraface como Colón y Marlon Brando como Torquemada.
Las películas suelen mostrar las tres naves más grandes y vistosas de lo que fueron: la Niña real apenas superaba los 15 metros, el tamaño de un autobús articulado.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se llamaban las tres carabelas de Colón?
La Santa María, la Pinta y la Niña. En realidad la Santa María era una nao, y el nombre oficial de la Niña era Santa Clara.
¿Cuántos hombres viajaron en el primer viaje de Colón?
Unos 90: alrededor de 40 en la Santa María, 26 en la Pinta y 24 en la Niña. Casi todos eran andaluces de la comarca de Palos.
¿Dónde se pueden ver las carabelas de Colón?
Las réplicas más completas están en el Muelle de las Carabelas, en Palos de la Frontera (Huelva), y se pueden visitar por dentro. La réplica que hubo en el puerto de Barcelona se hundió tras los incendios de 1990.